lunes, 2 de mayo de 2016

Capítulo 1

- Dime.
- Ábreme que estoy abajo.
Tiro mi móvil a la cama sin ni siquiera haber colgado y bajo corriendo a abrir la puerta. Nada más abrirla me abalanzo sobre Alex. Qué ganas tenía de verlo.
- Yo también te echaba de menos Martita. - me dice casi susurrando. Seguimos abrazados un par de segundos más hasta que me separé para ver el piercing que mi amigo se había hecho en el labio inferior. 
- Dios Alex! Me encanta. 
- Todavía duele un poco pero bah, merece la pena.
Tras fardar de piercing, ambos entramos en casa y subimos a la habitación como de costumbre. Alex y yo somos amigos desde que teníamos cinco añitos. Desde entonces hemos vivido miles de historias juntos y como de costumbre, pasábamos muchos ratos en la terraza de mi habitación. Era la parte favorita de toda mi casa, se podía entrar por el salón también pero me aseguré hace tiempo de dejar esa entrada inhabilitada. Lo que en un principio iba a ser la terraza para la barbacoa se había convertido en una especie de refugio, ahí solo llevaba a gente de confianza o me tiraba horas leyendo, tomando el sol, escuchando música...
Pasamos por la cocina, y con coca cola en mano subimos a la terraza.
- Bueno, cuéntame, ¿Qué tal el viaje? - pregunté cogiendo el abrelatas. Alex se había pasado casi todo el verano fuera en Estados Unidos y a falta de dos días para que empezara el nuevo curso, había vuelto. A pesar de haber hablado por skype, teníamos que ponernos al día. Alex me contó su experiencia como monitor del campamento Skate bros. Una de sus pasiones en la vida era el skate, y cuando sus padres le consiguieron ese trabajo en Filadelfia, no se lo pensó mucho. Por mi parte había pasado varias semanas de vacaciones con la familia y otra semana acompañada de Laura, una de mis mejores amigas; también desde niñas. Lo demás del verano lo había pasado en casa y bueno tenía cosas que contar. Después de estar quedando (a solas) con Diego podía decir oficialmente que estábamos juntos. Aunque se enteró ese mismo día, Alex seguía sorprendido por esta novedad. Alex, Diego y yo nos conocemos desde hace mucho y los tres junto con cinco amigos más formamos un grupo de amigos; podría decirse se conocen de toda la vida entre los ocho y tienen muy buen rollo. Por eso, todos a pesar de alegrarse no se esperaban que surgiera el amor entre ellos dos. Carlo era la única que lo veía venir y nadie le creyó, ahora siempre lo recuerda con un típico suyo "os lo dije".

Sin darnos cuenta, habían pasado dos horas desde que nos tomamos aquella coca cola.
- ¡Mierda! Hemos quedado en 15 minutos con el resto y ¡aún estamos aquí!
- Tranquila, he venido en moto - dijo Alex recogiendo sus cosas.
Salimos de casa despidiéndonos de Miguel, mi hermano pequeño que por cierto adora a Alex, y en un titá llegamos al centro. Irene, Laura, Cristian y Joao habían llegado ya.
- Bueno, no somos los últimos en llegar - dije. Odiaba ser impuntual.
- ALEX! - gritaron las chicas al unisono y juntas lo abrazaron. 
- ¿Sabés cuando llega Diego? - me preguntó Cristian nada más saludarle. Levantaba y bajaba las cejas poniendo cara insinuadora mientras que el resto se reía. Parecían niños; como cuando admitías que te gustaba un chico en primaria, pero admito que me hacía gracia, para mi también era novedad esta situación.
- Pues no lo sé la verdad - contesté finalmente - estará a punto de llegar.
Efectivamente, a los dos minutos apareció Diego y tras abrazar a Alex, fue directo a mis labios. Qué bien sentaban sus besos.

Estaba en una nube. Al verano le quedaba un telediario pero la ilusión que tenía con Diego hacía que todo lo demás diera igual, era el primer día que nos juntábamos todos desde que estamos saliendo; aunque bueno, todavía faltaba Carlo.
- Ya puede tener una buena excusa - comentó Joao.
- Déjala, seguro que a perdido el bus - la defendió Irene. Ire era una chica pacífica que siempre le veía el lado bueno a las cosas e intentaba sacar una sonrisa a todo el mundo. 
Justamente, nada mas haberlo dicho apareció de lejos la silueta de Carlota. Se acercó corriendo.
- No me matéis - dijo tirando el piti al suelo. Una vez nos saludó a todos, entramos a cenar a uno de nuestros restaurantes favoritos, una pizzeria italiana que llevaba abierta desde hace al menos veinte años "L'Ossigeno".

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