martes, 3 de mayo de 2016

Capítulo 2

Leo fue igual de agradable que siempre con nosotros. Como de costumbre, llevaba la camisa de chef a punto de explotar. Él siempre ha dicho que uno de los mejores placeres de la vida es comer y que por eso le gustaba tanto su trabajo; además que si le entraba el hambre picaba algo de su cocina. Podría decirse que nos ha visto crecer ya que vamos desde los diez años, bueno yo incluso desde antes, de todas esas veces que iba con mi familia a comer, y la verdad es que le tengo mucho cariño.
Después de quedarnos una rato charlando y de pagar, nos quedamos fuera en el parking. Cristian propone ir a un garito que conoce. No me apetecía nada salir esta noche, mi plan era estar tranquilos y relajados en alguna terraza tomándonos unas cervezas o algo así. Lo propongo pero todos están de acuerdo en que prefieren "salir, bailar, emborracharse y aprovechar las últimas noches del verano". Miro a Diego. Se acerca y me besa.
- Si quieres, podemos ir a casa, mis padres cenan fuera - me ofrece revolviéndose el pelo.
- ¿Seguro? No quiero que no salgas porque a mi no me apetezca. - no quería joderle el plan, de verdad que no, aunque dentro de mí estaba deseando que dijera que no le importaba y poder irnos. Me apetecía mucho estar con él. 
- Claro tonta, venga vamos. - sonrío tontamente y cojo su mano. Que me llame tonta o cosas por el estilo es algo que me gusta, mucho más que cariño o rollos de esos; las parejas así me recuerdan a como mis padres o a mis abuelos me llaman. 
Nos despedimos del resto. Carlo me susurra que use protección y yo me río y la empujo cariñosamente. Ella, es la única entre las cuatro que no es virgen y siempre bromea diciendo ese tipo de cosas. Me pongo el casco y Diego me lo ata, se lo agradezco con un beso y conduce su moto hasta su casa. He estado mil veces allí, pero esta vez era diferente.

Al abrir la puerta su perro Otto nos viene a saludar. Está un poco mayor pero sigue siendo igual de juguetón que el primer día. Diego le pone agua en su cuenco y me da un vaso de agua a mí. 
- Gracias - le digo, y me bebo el vaso de un trago.
A una velocidad que no me esperaba, me agarra de la muñeca y tira de mí hacia él. Mi pulso se acelera al tenerle a apenas un par de centímetros. Nos miramos y chocamos nuestros labios. Desliza las manos desde mi cabeza a mi cintura, y me levanta sobre la isla de la cocina. Separo las piernas para él, y se coloca entre ellas sin despegar su boca de la mía. La temperatura comienza a subir. Mis dientes rozan su labio inferior lo que acelera su respiración y seguidamente la mía. Entonces, el sonido de las llaves abriendo la puerta acaban con la magia. Nos separamos rápidamente justo cuando Carmen, la madre de Diego entra por la puerta de la cocina.
- ¡Hola cariño! ¡No te esperaba tan pronto!  - dice sorprendida - Marta cielo, no sabía que venías Diego no me ha dicho nada. ¿Han venido los demás? - pregunta Carmen a la vez que nos saluda primero a su hijo y luego a mí.
- No mamá, solo estamos nosotros - contesta Diego - ¿Y papá? ¿No salíais a cenar?
- Sí hijo, pero tu padre se encontraba fatal y hemos tenido que volver; está aparcando.
Su madre nos ofrece comida pero no nos apetece, hemos cenado suficiente. Subimos a la habitación de Diego y sus padres se quedan en el salón. Cierra la puerta y nos empezamos a reír. Si nos hubiera pillado su madre de esa manera no podría mirarla a la cara. Madre mía.
- Lo siento, en serio - se disculpa abrazándome
- ¿Pero porqué tonto? Si no ha sido culpa tuya.
Yo no iba con intenciones de hacer nada, simplemente me dejaba llevar. Lo tendremos que dejar para otro día, me digo para mí misma, y supongo que Diego está pensando lo mismo. Nos besamos y nos sentamos en su cama. Pusimos los cojines en modo respaldo y nos acomodamos para ver una peli. No prestamos mucha atención a la película, sino a darnos besos y caricias; es mas cuando terminó nosotros seguimos a lo nuestro. Mis manos estaban por dentro de su camiseta mientras el me acariciaba la espalda. De repente, recibí varios mensajes. Eran de Laura. Me decía que teníamos que hablar con muchos signos de exclamación que mañana me contaría. Me dejó bastante intrigada la verdad. ¿Qué sería? Al haber cogido mi móvil me di cuenta de que debería irme a casa.
Era lo que menos me apetecía, pero peor sería una bronca de mis padres; y más aún si mi padre se entera que estaba en casa de Diego. Vale que saben perfectamente quien es, pero no les he contado que estamos juntos y él a sus padres tampoco. Acabamos de empezar y a pesar de que las presentaciones ya están echas no queremos tener preguntas incómodas. Aunque pensándolo bien, digo yo que Carmen se habrá imaginado algo así que no es de esperar que le comente algo a mamá. 

Me despido de Carmen y Antonio y les doy las gracias como siempre hago. Le doy un besito a Otto y Diego me acerca a casa. 
- Gracias por traerme.
- De nada boba - dice sonriendo - ¿Quedamos mañana a comer?
- Mmm no sé.. me lo tendría que pensar... - contesto devolviéndole la sonrisa
- Te recojo a las dos.
Nos besamos y entro a casa. Las luces están apagadas así que enciendo la linterna del móvil y subo las escaleras. Cierro la puerta de mi habitación y me quito las sandalias. Me tumbo en la cama y veo que Laura me ha respondido. Sigue despierta así que decido llamarla.
- ¿Sí? - oigo al otro lado de la línea.
- ¡Tía! ¿Qué ha pasado? Acabo de llegar a casa y me llevo haciendo películas desde que me has dicho que me tenías que contar algo!
- Martita, no te lo vas a creer, pero...
- ¿Pero qué?! 


lunes, 2 de mayo de 2016

Capítulo 1

- Dime.
- Ábreme que estoy abajo.
Tiro mi móvil a la cama sin ni siquiera haber colgado y bajo corriendo a abrir la puerta. Nada más abrirla me abalanzo sobre Alex. Qué ganas tenía de verlo.
- Yo también te echaba de menos Martita. - me dice casi susurrando. Seguimos abrazados un par de segundos más hasta que me separé para ver el piercing que mi amigo se había hecho en el labio inferior. 
- Dios Alex! Me encanta. 
- Todavía duele un poco pero bah, merece la pena.
Tras fardar de piercing, ambos entramos en casa y subimos a la habitación como de costumbre. Alex y yo somos amigos desde que teníamos cinco añitos. Desde entonces hemos vivido miles de historias juntos y como de costumbre, pasábamos muchos ratos en la terraza de mi habitación. Era la parte favorita de toda mi casa, se podía entrar por el salón también pero me aseguré hace tiempo de dejar esa entrada inhabilitada. Lo que en un principio iba a ser la terraza para la barbacoa se había convertido en una especie de refugio, ahí solo llevaba a gente de confianza o me tiraba horas leyendo, tomando el sol, escuchando música...
Pasamos por la cocina, y con coca cola en mano subimos a la terraza.
- Bueno, cuéntame, ¿Qué tal el viaje? - pregunté cogiendo el abrelatas. Alex se había pasado casi todo el verano fuera en Estados Unidos y a falta de dos días para que empezara el nuevo curso, había vuelto. A pesar de haber hablado por skype, teníamos que ponernos al día. Alex me contó su experiencia como monitor del campamento Skate bros. Una de sus pasiones en la vida era el skate, y cuando sus padres le consiguieron ese trabajo en Filadelfia, no se lo pensó mucho. Por mi parte había pasado varias semanas de vacaciones con la familia y otra semana acompañada de Laura, una de mis mejores amigas; también desde niñas. Lo demás del verano lo había pasado en casa y bueno tenía cosas que contar. Después de estar quedando (a solas) con Diego podía decir oficialmente que estábamos juntos. Aunque se enteró ese mismo día, Alex seguía sorprendido por esta novedad. Alex, Diego y yo nos conocemos desde hace mucho y los tres junto con cinco amigos más formamos un grupo de amigos; podría decirse se conocen de toda la vida entre los ocho y tienen muy buen rollo. Por eso, todos a pesar de alegrarse no se esperaban que surgiera el amor entre ellos dos. Carlo era la única que lo veía venir y nadie le creyó, ahora siempre lo recuerda con un típico suyo "os lo dije".

Sin darnos cuenta, habían pasado dos horas desde que nos tomamos aquella coca cola.
- ¡Mierda! Hemos quedado en 15 minutos con el resto y ¡aún estamos aquí!
- Tranquila, he venido en moto - dijo Alex recogiendo sus cosas.
Salimos de casa despidiéndonos de Miguel, mi hermano pequeño que por cierto adora a Alex, y en un titá llegamos al centro. Irene, Laura, Cristian y Joao habían llegado ya.
- Bueno, no somos los últimos en llegar - dije. Odiaba ser impuntual.
- ALEX! - gritaron las chicas al unisono y juntas lo abrazaron. 
- ¿Sabés cuando llega Diego? - me preguntó Cristian nada más saludarle. Levantaba y bajaba las cejas poniendo cara insinuadora mientras que el resto se reía. Parecían niños; como cuando admitías que te gustaba un chico en primaria, pero admito que me hacía gracia, para mi también era novedad esta situación.
- Pues no lo sé la verdad - contesté finalmente - estará a punto de llegar.
Efectivamente, a los dos minutos apareció Diego y tras abrazar a Alex, fue directo a mis labios. Qué bien sentaban sus besos.

Estaba en una nube. Al verano le quedaba un telediario pero la ilusión que tenía con Diego hacía que todo lo demás diera igual, era el primer día que nos juntábamos todos desde que estamos saliendo; aunque bueno, todavía faltaba Carlo.
- Ya puede tener una buena excusa - comentó Joao.
- Déjala, seguro que a perdido el bus - la defendió Irene. Ire era una chica pacífica que siempre le veía el lado bueno a las cosas e intentaba sacar una sonrisa a todo el mundo. 
Justamente, nada mas haberlo dicho apareció de lejos la silueta de Carlota. Se acercó corriendo.
- No me matéis - dijo tirando el piti al suelo. Una vez nos saludó a todos, entramos a cenar a uno de nuestros restaurantes favoritos, una pizzeria italiana que llevaba abierta desde hace al menos veinte años "L'Ossigeno".

CAMBIO DE AIRES

Hola de nuevo. Me parece que nadie me va a leer después de...dos años, casi? No sé. Cosas que pasan; de repente un día dejas de lado todo ese mundo y otro vuelve a aparecer. He estado pensando y me apetece escribir una novela o historia o relato o lo que sea nuevo. Y me apetecía hablar un poco sobre el último curso del insti y esas cosas. En fin que quería comentarlo y bueno agradecer a mis lectoras que en su día fueron muy importantes para mí y fue básicamente por lo que escribía, aunque habiéndolo leido... madre mía ajajaj como se nota la madurez en pocos años.
Y bueno, que comienza una nueva historia, pero no quería borrar la fanfic (no hay que avergonzarse de nada chicas jajaja) y nada que el enlace pasa a ser: oxygenstory.blogspot.com. Espero que alguien algún día me lea, y que os guste;) pero aunque solo escriba para mí pues bueno, tampoco pasa nada.
MH xx